La semana pasada, la última de octubre, me quedé sorprendido al ver que en la publicidad televisiva del mediodía (único momento en que veo la tele: los cien mil veces repetidos capítulos de Los Simpons y el telediario) ya había anuncios de juguetes (se sobreentiende que para regalar a los niños en navidad). Es asombrosa la celeridad con que los comerciantes nos incitan a comprar para "demostrar" en el periodo navideño lo mucho que queremos a nuestra familia y amigos.
Respecto al tema de los regalos que se hacen a los niños, sea en navidad o en cualquier otra fecha en que tradicionalmente suelen hacerse (cumpleaños, santo...), se me ocurren a bote pronto varias críticas a la costumbre actual:
1.ª El regalo a los niños debería ser una especie de premio o recompensa por su buen comportamiento. De no ser así, el niño se va formando la idea de que puede obtener cosas (y "tiene derecho" a ellas si ya se le ha malacostumbrado) sin un previo esfuerzo o mérito. Así es como nos encontramos a esos adolescentes que no valoran nada porque lo que tienen no les ha costado nada. Muchas veces los padres les hacen regalos simplemente para compensarles la falta de atención o de tiempo que les dedican.
2.ª Muchos de los juguetes que se regalan carecen totalmente de carácter educativo o pedagógico y, por tanto, no le sirven al niño para aprender nada verdaderamente valioso o adquirir y desarrollar cualidades importantes, como la atención, la concentración, la creatividad... Suponen un pasatiempo estéril que no trae unos beneficios al niño que realmente merezcan la pena. Habría que ser más cuidadoso al elegir el juguete que se regala, pero muchas veces, por las prisas, se compra lo primero que se pilla.
No obstante, que el juguete sirva al niño para aprender depende, no sólamente de su carácter educativo (el cual tampoco es imprescindible siempre), sino del uso que se le dé, cuestión a la que deberán estar atentos los padres (p. ej., jugando con el niño y dándole ideas para jugar de manera más provechosa). Un juguete educativo mal usado no sirve para nada (por lo que los padres deben tratar que el niño se divierta y a la vez aprenda con él) y, al contrario, un juguete o cualquier cosa que en principio no sea educativa puede servir para aprender o desarrollar valiosas cualidades (p. ej., una caja de cartón puede ser útil para fomentar la imaginación y habilidad manual del niño si los padres le enseñan a hacerle recortes como ventanas y a hacerle dibujos y colorearla como si fuera un coche o una casa).
Por otra parte, tampoco estoy a favor de que todos los juguetes que se regalen al niño sean educativos si eso significa que no le resultan divertidos (ni aun intentando los padres que los disfrute). Supongo que un término medio aquí, como en tantas otras cuestiones, es lo más adecuado.
No obstante, que el juguete sirva al niño para aprender depende, no sólamente de su carácter educativo (el cual tampoco es imprescindible siempre), sino del uso que se le dé, cuestión a la que deberán estar atentos los padres (p. ej., jugando con el niño y dándole ideas para jugar de manera más provechosa). Un juguete educativo mal usado no sirve para nada (por lo que los padres deben tratar que el niño se divierta y a la vez aprenda con él) y, al contrario, un juguete o cualquier cosa que en principio no sea educativa puede servir para aprender o desarrollar valiosas cualidades (p. ej., una caja de cartón puede ser útil para fomentar la imaginación y habilidad manual del niño si los padres le enseñan a hacerle recortes como ventanas y a hacerle dibujos y colorearla como si fuera un coche o una casa).
Por otra parte, tampoco estoy a favor de que todos los juguetes que se regalen al niño sean educativos si eso significa que no le resultan divertidos (ni aun intentando los padres que los disfrute). Supongo que un término medio aquí, como en tantas otras cuestiones, es lo más adecuado.










.jpg)